El trajín para sacar y guardar ventas. «Nadie nos compra»

Una zona turística del municipio de Ipiales, sur de Nariño, ha sido la más golpeada por la pandemia, que ni corregidor tiene hasta la fecha luego de que el elegido fuera inhabilitado el año anterior.

No hay autoridad que les ayude hacer gestiones porque aseguran que el presidente de la Junta de Acción Comunal, JAC, solo es de nombre, lo que durante el año de la pandemia tuvieron que tratar de sobrevivir de diferentes maneras.

Se trata del corregimiento de Las Lajas, sitio en donde se encuentra el Santuario más lindo del mundo, pero algunos habitantes dicen que la realidad es otra, especialmente con la gente de bajos recursos que en su mayoría viven de las ventas.

El virus acabo con negocios

Una de ellas de nombre Piedad, dice que la llegada del virus acabó con el sustento porque con las ventas llevaban para comer, vestirse, alimentarse y educar a sus hijos, pero hoy después de un año aún siguen con una situación bastante compleja para los residentes del centro turístico.

“Desde algunas semanas atrás empezó a llegar visitantes, pero el problema que no vendemos nada porque son turistas de municipios de Ipiales, Pasto, Túquerres, entre otros, y ellos no nos compran nuestras artesanías, solo llevan algunas velas o veladoras”, explicaron.

Agrega que antes salían a vender todos los días, hoy se les terminó y no saben cuándo volverán a la normalidad para vender sus productos, puesto que solo salen los fines de semana y es un calvario lo que tiene que hacer para llegar hasta sus puestos de ventas. “Por el desespero en el año anterior tuvimos que salir a trabajar al campo porque Las Lajas estaba como un pueblo fantasma”.  

Todo un calvario

Piedad, nos narró que sacando sus artesanías se demora cerca de dos horas arreglando sus ventas y en la tarde es otra hora recogiendo. “Por tratar de vender algo nos estamos hasta las 6:30 o 7:00 de la noche, hora en que el pueblo queda totalmente vació y en silencio, todo esto es un calvario”.

ABRA NOTICIAS acompañó a algunas comerciantes del corregimiento que incluso fue testigo en horas de la noche del trabajo que les toca hacer. Hombres y mujeres se colaboran para instalar carpas en la mañana y en la tarde recogerlas.

Tienen que instalarlas de manera segura para evitar que cualquier vendaval se las destruya y afecte también sus materiales. Por las lluvias que caen por estos días unen las carpas y así evitan mojarse.

“En horas de la mañana salimos echándonos la bendición y pidiendo a nuestra madre que nos vaya bien y así mismo en horas de la tarde damos gracias por el día que pasó”, expresó.

Viven abandonados

Afirman que están abandonados que hasta se fueron o se llevaron a las madres Franciscanas, el convento lo van a convertir en un CDI, tampoco tienen un escenario deportivo, la atención de la salud solo les prestan hasta el mediodía. “De aquí salió un Concejal, pero ni supimos que hizo por este corregimiento”.

Las comerciantes que se ubican principalmente en las gradas cerca de unas gradas pidieron a los visitantes a que les compren cualquier detalle con el fin de ir mejorando su economía que fue golpeada por el virus.

Finalmente aseguran que no saben cuáles serán las leyes y decretos para la Semana Santa, pero tienen esperanza de vender algo de sus artesanías religiosas.     

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